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Aprender Computadoras y soporte técnicoSistemas

Se apaga sola, no deja registro y todavía nadie quiere abrirla. El orden que descarta once de doce sospechosos sin desarmar nada, y qué cambia a 2640 metros.

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Una máquina que se apaga sola

Cuatro preguntas, y cada una se lleva casi todo lo que quedaba

El ancho de cada banda es la cantidad de piezas que siguen bajo sospecha, así que la caída es el dato: dos comandos gratis quitan casi todo antes de abrir el gabinete.

  1. Todo lo que puede apagarlaDonde arranca quien cambia piezas, y la razón de que cambiar piezas tome una semana12
  2. No hay registro, así que no es nada que falle avisandoEl software es ruidoso y la memoria mala también; un corte por calor no le avisa a nadie7
  3. El disco pasa su prueba y el cable no acumula erroresDos comandos, y se van el componente que imita a todos los demás y el cable que lo imita a él5
  4. Los núcleos a 96 grados con cargaEl disipador, y que los apagones caigan en las horas de más copias lo confirma1

Los conteos son la lista de sospechosos de una máquina, no una cifra general. Lo general es el orden: las dos preguntas gratis van antes de la que pide un desarmador, y por acá eso pesa el doble, porque la pieza de repuesto no se saca de un cajón, se compra.

La papelería de Yeimy Cárdenas, en el barrio Kennedy de Bogotá, tiene dos computadoras reacondicionadas del mismo lote. La del mostrador se apaga sola dos veces al día, sin pantalla azul y sin nada en el visor de eventos salvo la nota de que el apagado anterior fue inesperado. La gemela se la llevó un primo a Barranquilla y allá lleva ocho meses sin apagarse. Tres personas ya recomendaron formatear. Una máquina que se reinicia sin pantalla azul es corriente o calor, no software, y formatear habría costado un día de mostrador cerrado sin cambiar nada.

Esa oración es el tema entero en un renglón. Las fallas de hardware tienen pocas formas, cada forma deja una firma, y el trabajo consiste en leer la firma en lugar de cambiar piezas hasta que el síntoma se calle.

Hay una segunda mitad que el consejo escrito en inglés no dice, porque a su lector no le cuesta: por acá la pieza de repuesto no está en un cajón. Se compra, llega en tres días, y si no era la que fallaba el dinero ya se fue. Eso reordena todo lo demás.

Doce sospechosos, y dos preguntas gratis se llevan siete

Contar lo que puede apagar esa máquina da 12 al empezar: la fuente de poder, el regulador de voltaje, la tarjeta madre, el procesador, el disipador con su ventilador, el disco, el cable del disco, dos módulos de memoria, Windows, el programa de facturación y el driver de la impresora. Ahí arranca quien cambia piezas, y ahí está la razón de que eso tome una semana.

El visor de eventos vacío se lleva cinco de un golpe, y el criterio no es que el software sea inocente sino que el software es ruidoso. Un módulo de memoria malo corrompe lo que había en esa dirección y produce una caída, y una caída deja registro. Un driver que se cae también. Un apagado térmico no es una caída y por eso no deja registro: el procesador llega a su límite y corta la corriente sin avisarle al sistema operativo, que nunca fue consultado. De 12 a 7, sin abrir nada.

La máquina sigue prendida casi todo el día, así que se le pueden hacer preguntas. La primera es por el disco, porque uno que se está muriendo imita a cualquier otra cosa.

  • smartctl -H /dev/sda
  • devuelve SMART overall-health self-assessment test result: PASSED
  • smartctl -A /dev/sda | grep CRC
  • devuelve UDMA_CRC_Error_Count 0

smartctl -H /dev/sda imprime PASSED o FAILED en un solo renglón, leyendo el registro que el propio disco lleva de sectores reasignados y errores de lectura, no adivinando por el comportamiento. PASSED no es un certificado de salud; FAILED sí es concluyente y termina la investigación ahí mismo.

El segundo comando es el que casi nadie corre y el que más compras evita. un conteo de errores CRC distinto de cero acusa al cable, no al disco: son los paquetes que llegaron mal entre el disco y la tarjeta madre, y un cable de treinta pesos explica lentitud, congelamientos y errores de lectura que se leen como un disco moribundo. En la papelería el conteo estaba en cero, así que se fueron el disco y el cable juntos. De 7 a 5.

Quedan la fuente, el regulador, la tarjeta madre, el procesador y el disipador. La tercera pregunta es la temperatura. Los núcleos llegan a 96 grados a los cuatro minutos de abrir el programa de facturación, y los apagones caen en las horas de más copias. De 5 a 1.

El aire de Bogotá enfría peor, y eso no sale en ningún manual

Un disipador no enfría con el metal, enfría con el aire que le pasa por encima. El ventilador mueve un volumen de aire, no una masa, y la masa es la que se lleva el calor. A 2640 metros el aire pesa cerca de tres cuartas partes de lo que pesa al nivel del mar, así que el mismo ventilador, a las mismas revoluciones y sobre el mismo disipador, saca cerca de una cuarta parte menos de calor en Bogotá que en Barranquilla. Ciudad de México está a 2240 metros.

Eso no inventa fallas, decide cuál de las dos gemelas la muestra primero. La de la papelería resultó ser el filtro de la entrada tapado con polvo de papel, que es lo que flota donde una guillotina corta resma y media al día, más pasta térmica de hace cuatro años. La máquina de Barranquilla tiene el mismo polvo y la misma pasta y se queda en 79 grados, debajo del límite. La de Bogotá empieza el día con menos margen.

Limpiar el filtro y cambiar la pasta bajó la carga a 68 grados y los apagones se acabaron. Nada de esa reparación exigió saber de qué está hecho un disipador; exigió saber que el síntoma nombraba una categoría. Qué hace cada pieza está en cómo funciona una computadora.

La regla que hace que cualquiera de esas pruebas signifique algo

El impulso bajo presión es mover varias cosas a la vez, porque el local quiere facturar. Cambiar una pieza a la vez, o la prueba no dice nada. Dos cambios y una máquina que arranca dejan sin saber cuál sirvió, y eso importa por dos razones: la otra pieza salió del inventario para nada, y la falla vuelve si la corazonada estuvo mal.

El corolario cuesta más aceptarlo: reasentar una pieza es una prueba, no una reparación. Si empujar un módulo de memoria hasta el fondo arregla la máquina, el módulo estaba flojo, y la pregunta que sigue es por qué, que casi siempre es que alguien movió el gabinete. Anotar «se reasentó» y cerrar la orden es la manera de que la misma máquina vuelva en seis semanas. Esa disciplina completa es el diagnóstico de fallas.

La costumbre

Cambiar hasta que arranque, contra preguntar hasta poder nombrarla

Tres de los cuatro renglones favorecen preguntar. El cuarto es real y explica por qué la costumbre sigue viva.

Cambiar piezas hasta que arranqueSe siente avance desde el primer minuto, y por acá ese primer minuto empieza tres días antes, cuando llega el paquete
Preguntar hasta poder nombrar la fallaEmpieza lento y termina con una oración, no con una máquina prendida
Cuando arranca, se sabe por quéNo, y con dos cambios ninguno de los dos queda descartadoSí, y queda escrito en la orden de servicio
Que no regrese en seis semanasRegresa seguido, porque un reasiento quedó anotado como reparaciónRegresa poco, porque la causa quedó nombrada
Piezas gastadasVarias, y algunas estaban buenas y ya no se devuelvenUna, y es la que era
La máquina de vuelta hoy en el mostradorSí, y solo si la pieza buena ya está en la gaveta del tallerNo, si la prueba de memoria pide cuatro horas

El último renglón es el que sostiene la costumbre en un local ocupado, y es una restricción de verdad y no flojera. Por acá se sostiene peor: sin gaveta de piezas buenas, sustituir es la vía lenta y también la cara. La salida no es elegir columna, es arrancar la prueba larga primero y mover piezas mientras corre.

Cambiar sale caro por acá, así que preguntar es la vía rápida

En el mercado para el que se escribió la versión en inglés, sustituir es lo veloz y preguntar es lo lento. Por acá es al revés. Un módulo de memoria pedido por Mercado Libre llega en tres días; si no era el que fallaba, esos 140 mil pesos colombianos no vuelven, porque devolver una pieza ya instalada es una discusión que casi nadie gana. Preguntar cuesta quince minutos.

Queda un caso, uno solo, en el que sustituir sí gana: el taller que ya juntó piezas buenas sacadas de otras máquinas. Una fuente que se sabe buena resuelve en dos minutos lo que una tarde de lectura no. Esa gaveta es la única mesa de pruebas gratis del oficio, y armarla es lo primero que hace quien empieza en el trabajo en soporte.

La prueba de memoria es la excepción por el otro lado, porque sí toma horas. Un solo error de memtest ya es un módulo malo, no uno marginal, y un bit cambiado en cuatro horas explica el síntoma más confuso de la computación: una aplicación distinta cada vez, un error distinto cada vez y la impresión firme de que la máquina está embrujada. Cuatro horas de prueba son cuatro horas sin facturar, así que se corre de noche.

El orden de aprendizaje, y dónde se atora quien ya sabe armar

El orden que funciona es el síntoma, después la categoría, después la pieza. Casi todo el mundo lo aprende al revés, empezando por el armado de una PC, que enseña muy bien qué componentes hay y nada sobre cómo suena uno que está fallando. Aquí el desbalance es más marcado: el material gratis en español sobre armar abunda y es bueno, y el de diagnosticar escasea. En Colombia el curso gratis suele ser el SENA y en México una serie de YouTube; los dos entregan el armado completo.

El atoro tiene nombre y es de confianza, no de conocimiento. Alguien arma una máquina desde cero, le piden que arregle una ajena, y descubre que la habilidad no se transfiere, porque armar es una tarea con estado final y diagnosticar es una búsqueda. Ahí mucha gente decide en silencio que lo suyo no es el hardware, y es enteramente cuestión de que nadie le dio un método.

Qué abrir en 2026, y lo que sí cuesta

smartmontools trae smartctl y reemplazó a los diagnósticos de arranque del fabricante, que obligaban a sacar la máquina de servicio para contestar una pregunta que ahora se contesta en caliente. Es gratis y de código abierto en los tres sistemas. En Windows la misma lectura la muestra CrystalDiskInfo, también gratis, que es lo que abre casi cualquier taller de la región, aunque su semáforo de colores esconde el renglón de CRC.

memtest86+ es gratis, de código abierto y arranca desde una USB. Reemplazó la costumbre de cambiar módulos y esperar quince días a ver si el problema regresaba, que produce una respuesta en la que nadie confía. Una pasada sobre 16 gigabytes toma unas horas.

HWiNFO en Windows y lm-sensors en Linux leen los mismos chips de la tarjeta madre y los dos son gratis. Reemplazaron la época de ponerle la mano al gabinete. El error de siempre es mirar la temperatura en reposo, que en la papelería daba 41 grados y no acusaba a nadie: la lectura que sirve se toma con el programa pesado abierto y con la máquina pegada a la pared, donde de verdad trabaja.

Todo esto supone una máquina que se puede abrir. Cuando la del mostrador se reemplace por una portátil, cosa que ya pasó en media cuadra, el disipador queda debajo del teclado, la memoria va soldada y la batería es un sospechoso que ninguna de estas cuatro preguntas alcanza: eso es portátiles y teléfonos. Los otros dos vecinos son sistemas operativos, donde la falla sí deja registro y hay que saber leerlo, y la electrónica y el hardware, donde se mide con un multímetro lo que aquí se dedujo con un termómetro. Cuando la máquina está sana y lo que corre encima no, el tema pasa a la administración de servidores.

Lo que esta página no resuelve es qué hacer con la gemela de Barranquilla, que tiene el mismo polvo, la misma pasta y ninguna falla. Está a 79 grados con el límite en 100, y la pregunta es si eso es margen o una cuenta pendiente. La respuesta depende de cuánto sube ese número el día que el local cambie de programa, y de en qué máquina vale la pena practicar, que es lo que decide el mapa de sistemas.

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