Doña Chava es una cocina económica en el barrio San Antonio, en Cali, y va a abrir una segunda. El trabajo entero son cuatro cosas: una lona de 3 por 1 metros para la fachada, la foto del sancocho con el fondo cambiado, un manual de 40 páginas para que la cocina nueva salga igual, y una página de pedidos que la gente va a abrir en el celular. Cuatro salidas, cuatro programas distintos, y las preguntas que los separan no tienen nada que ver con cómo se llame nadie a sí mismo. Si se imprime o va en pantalla, y si es una superficie o son muchas.
Esa es la decisión completa. La lona se imprime y es una superficie, así que se dibuja en Illustrator, o en Photoshop si la foto está haciendo el trabajo. El manual se imprime y son muchas superficies, porque son 40 páginas que tienen que concordar entre ellas y numerarse solas, así que es InDesign. La página de pedidos va en pantalla y son muchas superficies, porque tiene que aguantar un celular, una computadora y el menú del mes que entra, así que se arma en Figma. Y la foto del sancocho no es una decisión de diseño hasta que el fondo cambia, que es Photoshop, y es el único cuadrante donde el programa no se escoge.
La parte que de verdad se usa de cada programa es corta
Cada uno de estos tiene unos cientos de comandos y un centro de trabajo de más o menos una docena. El centro no tiene la misma forma en cada uno, y saber cuál docena es casi todo lo que este tema tiene que entregar.
En Photoshop el centro son selecciones, capas, máscaras y capas de ajuste, y una sola frase cubre la mitad que la gente confunde: el negro esconde y el blanco muestra en una máscara. Pinta de negro sobre la máscara del fondo del sancocho y el fondo se va sin borrar un solo píxel de la foto, así que mañana todavía se puede opinar distinto. El borrador es la herramienta que vuelve imposible eso, y por eso quien trabaja de esto lo deja temprano.
En Illustrator el centro son la pluma, el creador de formas y la apariencia de un objeto. El valor que hay que llevarse: alinear el trazo hacia adentro para que la figura conserve su medida. Un círculo de 40 mm con un trazo de 4 mm centrado sobre la ruta mide 44 mm en la hoja, que es como un logotipo dibujado para caber en un espacio llega sin caber, y nadie ve la causa porque un trazo parece una línea y no media línea de cada lado.
En InDesign el centro son marcos de texto, estilos de párrafo y páginas maestras. Basa todos los estilos de párrafo en el estilo de texto. Entonces el cliente que quiere el manual entero un punto más grande es una edición y no diecinueve, y las relaciones entre los tamaños sobreviven al cambio en lugar de volver a teclearse de memoria. En Figma el centro son marcos, auto layout, componentes y bibliotecas, y la confusión que le cuesta una tarde a quien empieza es más chica que cualquiera de esos: un marco recorta y un grupo no. Un grupo es una bolsa que se ajusta a lo que tiene adentro; un marco es un borde con opinión, y todo lo que se comporta como pantalla se comporta como marco.
Los tres formatos, y cuál archivo te quedas
Manda un PDF para imprenta y un SVG para la web. Una imprenta quiere un solo archivo que cargue junta la tipografía, las imágenes y el espacio de color, y eso es un PDF; un navegador quiere algo que pueda escalar y recolorear, y eso es un SVG. Los dos son formatos de entrega, que es la parte que se pasa por alto: ninguno de los dos es el archivo en el que trabajas ni el que te quedas.
Nunca aplanes el archivo que te quedas. El archivo de trabajo con sus capas, máscaras y estilos intactos es la única versión que puede contestar el encargo del año que entra, y la manera más rápida de perder un cliente es haber entregado una imagen aplanada muy bonita y no tener nada que cambiar cuando quieren mover una fecha. Doña Chava va a abrir una tercera, y la lona que se reutiliza es aquella cuyas capas siguen existiendo.
Dos formatos más que solo hacen falta de este lado
El taller de rotulación abre CorelDRAW. No es un detalle folclórico: en este mercado la lona, el vinil de la fachada y la lona del toldo salen de un taller que trabaja en Corel, y un archivo de Illustrator llega ahí como un PDF o no llega. Se exporta un PDF con las tipografías convertidas a curvas, se pregunta a cuánto por ciento lo van a imprimir y se manda la medida real, no la miniatura.
El otro es la versión. Buena parte de las computadoras de este mercado corre un Adobe de hace varios años, muchas veces instalado sin licencia, y un archivo guardado en la versión de 2026 no abre en una de 2014. Guarda una copia que abra una versión vieja, o un PDF con capas, cada vez que el archivo va a salir de tu máquina. Es la única precaución de esta página que no aparece en ningún manual y la que más seguido salva un encargo.
Adentro de cualquiera de los cuatro
El orden que te pone a trabajar, que no es el de un tutorial
Las mismas cinco paradas en cada programa, y la cuarta es la que decide si el trabajo puede salir del cuarto.
- primera semanaLa docena de herramientas que hacen el trabajoDe entre unos cientos de comandos, y es otra docena en cada programa
- primera semanaCómo está organizado el archivoCapas, mesas de trabajo, marcos. Qué contiene qué, y qué se mueve cuando se mueve el de arriba.
- la semana en que pagaLa función que aplica un cambio en todas partesEstilos, maestras, componentes. La razón por la que valía la pena aprender el programa.
- antes del primer encargo pagadoEl cuadro de exportaciónResolución, espacio de color, sangrado, escala. El trabajo es la exportación.
- cuando seaEfectos, y todo lo demásDe verdad al final, y casi nada de eso se va a abrir nunca
Los atajos quedaron fuera a propósito. Los diez que repites llegan sin estudiarlos, y los de la hoja impresa son casi todos de comandos que nadie usa.
El atasco es saber un programa y tratar todo trabajo como suyo
Aquí es donde la gente se detiene sin darse cuenta. Alguien aprende Illustrator en serio, se pone bueno, y luego llega el manual de 40 páginas. Se arma en Illustrator, una mesa de trabajo por página, porque es el programa cuyos menús conoce. Funciona hasta la página doce. Entonces se inserta una sección y todos los números de página de ahí en adelante quedan mal, y no hay manera de renumerarlos, porque una mesa de trabajo no sabe que es una página; el texto no fluye de una a otra, así que un párrafo que crece no empuja nada, se encima; y los once títulos que deberían ser iguales no lo son, porque no hay estilos, hay once cajas puestas a mano.
Nada de eso es un defecto de Illustrator. Es un programa para componer una superficie al que le pidieron componer muchas, y la señal es el momento en que empiezas a hacer algo ingenioso para que funcione. Esa sensación no es recursividad. Es el cuadrante equivocado.
Aprende el cuadro de exportación antes que los efectos
El orden adentro de cualquiera de estos programas es el mismo y no es el que usa un tutorial. Aprende la docena de herramientas, después cómo está organizado el archivo, después la función que hace que un cambio se aplique en todas partes, y hasta entonces los efectos. Aprende el cuadro de exportación antes que los efectos, porque la exportación es el trabajo: una lona que no se puede exportar a la medida con su sangrado no es una lona terminada, y una imagen exportada a la escala equivocada es una imagen borrosa en el sitio de alguien más para el martes.
Los atajos llegan solos y no se estudian. Los diez que repites se van a repetir con o sin que alguien se propusiera aprenderlos, y los de la hoja impresa son casi todos de comandos que nunca vas a usar.
Qué abrir en 2026, y qué abrir en lugar de eso
Photoshop, Illustrator e InDesign siguen siendo los tres que enumera una vacante y los que da por hecho una litografía. Photoshop desplazó al taller de retoque, Illustrator a Macromedia FreeHand, que Adobe retiró en 2007, e InDesign a QuarkXPress a mediados de los años dos mil. Los tres son suscripción sin ruta gratuita, cobrada en dólares y pagada en pesos con el impuesto a los servicios digitales del exterior encima, y las alternativas honestas son reales y disparejas: Krita y GIMP cubren casi todo lo que quien empieza necesita de Photoshop, Inkscape es un programa de vectores serio, y Scribus es la opción libre de diagramación y es la más floja de las tres sustituciones.
Figma manda en pantalla desde 2019, cuando le quitó el lugar a Sketch por correr en el navegador, y su plan gratuito es generoso para un programa de ese alcance. Canva no está en esta lista por cortesía: la lona y la carta de Doña Chava se hacen ahí todos los días en este mercado, su plan gratuito es el de verdad, y lo que no hace es sostener veinte piezas parecidas entre sí. Todo lo demás que te van a poner enfrente está en Las demás herramientas.
Lo que nada de esto resuelve es qué poner adentro del archivo una vez abierto, y esa es la pregunta cara por mucho. Las reglas de una pieza impresa están en Diseño gráfico, las de una pantalla en Diseño de interfaces, y dibujar a mano en lugar de armar es Ilustración. Un programa te deja hacer las tres mal a toda velocidad, que es lo único de lo que nunca te va a avisar.