En inglés el verbo casi no cambia. I work, you work, we work, they work, y la única forma distinta del presente es la de tercera persona: he works. Dos formas contra las seis que el español conjuga desde la primaria. Esa economía no es una facilidad. La información que el español guarda en la terminación, el inglés la guarda en el sitio que ocupa la palabra y en un puñado de palabritas sueltas, y ahí es donde se rompe todo.
La prueba cabe en dos oraciones con las mismas cinco palabras. The dog bit the man y the man bit the dog dicen cosas opuestas y ninguna palabra cambió de forma. En español «al hombre lo mordió el perro» se entiende aunque se mueva, porque la a personal marca quién recibe el mordisco. El inglés no tiene esa marca. El orden es la marca.
Lo que el español ya trae pagado
Conviene saber qué no hay que estudiar antes de abrir nada. El inglés no tiene género gramatical, así que nadie tiene que memorizar si una mesa es masculina. No tiene concordancia de adjetivo: red car y red cars llevan el mismo red. Y no conjuga por persona, que es el capítulo más largo de cualquier gramática española. Un hispanohablante entra a la gramática inglesa con medio temario resuelto, y las páginas escritas en inglés no lo mencionan porque su lector nunca tuvo esa ventaja.
El subjuntivo también viene regalado, y de forma más literal de lo que parece. If I were you es un subjuntivo vivo, el mismo movimiento que «si yo fuera tú». Los nativos lo confunden a diario y a este lector le sale sin pensarlo.
Las tres casillas vacías que hay que llenar a mano
La primera es do, un verbo sin significado que existe para sostener la pregunta y la negación. Do you work here? no dice nada sobre hacer nada: do está ahí porque el inglés necesita algo delante del sujeto para que la frase sea pregunta. En negativo pasa igual, she doesn't work here. El español pregunta con la entonación y niega con un «no» delante del verbo, de modo que esta casilla no existe y se queda vacía durante años. La señal de que falta es you work here?, que se entiende perfecto y suena a turista.
La segunda es el artículo, y el español estorba porque pone uno donde el inglés no pone ninguno. «La leche es cara» es milk is expensive, sin the, porque el inglés marca con artículo cero todo lo que se dice de la clase entera. The milk is on the table sí lo lleva, porque es esa leche y las dos personas saben cuál. La regla corta cabe en un renglón: nada delante para hablar de la clase, the para el ejemplar que ya está en la cabeza de los dos.
La tercera es el adverbio, que en inglés no se mete entre el verbo y su objeto. «Hablo bien inglés» sale como I speak well English y hay que recolocarlo: I speak English well. Esta es la casilla que nadie corrige, porque la frase se entiende igual, y por eso sigue ahí a los diez años.
El presente perfecto no cubre lo mismo que el pretérito perfecto
Esta es la trampa que tiende el propio español, y es peor que no tener la forma, porque la forma existe y se parece. I have lived in Monterrey since 2019 y «he vivido en Monterrey desde 2019» se calcan tan bien que nadie sospecha. Pero el inglés reserva have más participio para lo que sigue abierto o no lleva fecha, y en cuanto aparece una fecha cerrada obliga al pasado simple: I lived in Monterrey in 2019. «Ayer he comido tacos» es normal en el habla de media península y de partes de México; yesterday I have eaten tacos no es inglés en ningún lado. La fecha manda, y esa es la regla completa.
Los tiempos verbales se ordenan mejor desde ahí que desde una tabla de doce casillas, y los verbos modales son el otro sitio donde una forma sencilla carga una intención que el español reparte entre varias.
Lo que cuesta cada error
Qué errores cambian el sentido, y cuáles recibe corrección
No son el mismo conjunto, y la distancia entre los dos es donde la gramática de un hispanohablante deja de avanzar.
Alguien lo va a corregir
- El orden de palabras
- El auxiliar que no está
- La ortografía
- La s de tercera persona
Nadie lo menciona jamás
- Los artículos
- El presente perfecto
- Los verbos modales
- La voz pasiva
- El infinitivo partido
Solo la esquina de abajo a la izquierda es peligrosa, y es justo la que ninguna conversación entre adultos reporta. Todo aquello por lo que a un aprendiz lo corrigen vive en la fila de arriba.
Con qué se practica, y qué cuesta desde México o Colombia
El libro de referencia sigue siendo English Grammar in Use de Raymond Murphy, en 2026 y desde hace treinta años. Reemplazó al temario del curso, que ordena los puntos como los ordena un programa y no como llegan los errores. No es gratis y no hay equivalente gratuito honesto: entra importado y circula de segunda mano en Mercado Libre, y la edición que sirve es la que trae respuestas, porque nadie va a corregir los ejercicios.
Lo nuevo desde 2023 es preguntarle a un modelo qué diferencia hay entre dos oraciones que a este lector le parecen iguales. Sustituye a esperar hasta la clase siguiente para preguntar por qué la corrección era una corrección. El nivel gratuito alcanza de sobra para esto; los planes de pago se cobran en USD 20 al mes sin precio local, que al cambio del día son unos 380 a 420 pesos mexicanos más IVA. La limitación hay que decirla: si se le dicta una regla falsa con seguridad, la acepta y sigue.
El error: coleccionar tiempos y no llenar las casillas
El hispanohablante estudioso llega al perfecto continuo antes de saber poner do en una pregunta, porque la tabla de tiempos se parece a lo que ya sabe hacer y las tres casillas vacías no se parecen a nada. Un año después escribe you work here? y dice I speak well English con el vocabulario de un lector de novelas. Los errores frecuentes de esta lista no son descuidos: son las casillas que el español no obligó a llenar. En la escritura en inglés esas mismas casillas sí salen marcadas, porque un correo se lee dos veces, y el orden en que conviene atacarlas es el asunto de cómo aprender un idioma.
Por dónde entrar entre las diez
Si algo se entiende mal, empieza por el orden de palabras, que es donde el inglés no cede. Si se entiende bien y suena raro, empieza por los artículos, que son el error más largo de la vida de un hispanohablante. Y si lo que falla es después del verbo, las preposiciones no salen de ninguna regla y se aprenden pegadas al verbo que las lleva.
Queda una pregunta que la gramática no contesta: por qué alguien que sabe todo esto sigue sin poder decirlo a velocidad de conversación. Eso pasa en otro sitio, en la conversación en inglés, y la respuesta no es más gramática.