Un agente es un bucle, y el resultado de cada paso vuelve dentro del siguiente: el modelo elige una herramienta, la herramienta corre, lo que devuelve se pega a la transcripción y todo se lee otra vez desde arriba. Ninguno de los cuatro pasos es comprobar.
Almudena Gaspar Villarroel lleva la oficina de una cooperativa de aceite en Villanueva del Arzobispo, en Jaén, y contesta cada mañana los correos de los socios: cuántos kilos entregaron, en qué fecha y a qué precio se liquidaron. Montó el bucle en una tarde. Tres herramientas, ochenta y siete correos la primera semana, y funcionó.
El socio que no estaba en la tabla
El correo veintitrés lo firmaba Mari Cruz Peñas Ordóñez, y en la tabla estaba escrita como Peñas Ordoñez, sin tilde en la o. La herramienta de consulta buscó el nombre entero, no encontró la fila, devolvió una lista vacía y dijo que había ido bien. El modelo leyó una lista vacía, escribió una respuesta amable explicando que no constaban entregas a su nombre esa campaña, y el bucle siguió su vuelta.
Este es el fallo que hay que esperar el primero, y no es una respuesta equivocada, es un parte con buena cara. Que una herramienta diga correcto significa que corrió, no que acertara. La consulta se ejecutó, y ejecutarse es lo único sobre lo que sabe tener opinión; el bucle no tiene ninguna otra dentro.
El arreglo va en la herramienta y no en el modelo. Dale a cada herramienta una forma de decir que no lo sabe, o el bucle rellenará el hueco, porque a la petición no le queda otra salida. La consulta de Almudena devuelve ahora las filas o la palabra «sin coincidencia», nunca una lista vacía, y la ejecución termina con la lista de los nombres que no cuadraron: la primera vez fueron nueve de ochenta y siete, seis de ellos por una tilde o por los dos apellidos escritos al revés.
Nueve correos que mirar a mano un martes es un resultado. Una liquidación plausible escondida entre setenta y ocho correos buenos no lo es.
«Hasta que el buzón esté al día» no es un final
La otra mitad de aquella tarde se fue en una línea del final de las instrucciones: sigue hasta que el buzón esté al día. El bucle contestó los ochenta y siete, volvió a listar la bandeja, encontró tres correos nuevos que habían entrado mientras trabajaba, los contestó, volvió a listar la bandeja y siguió estando razonablemente insatisfecho durante cuarenta minutos.
No falló nada. El criterio de parada es la parte que nadie escribe, y la que cuesta la tarde: «al día» no tiene ninguna prueba que pueda volver cierta, así que el bucle siempre puede encontrar una cosa más, y un bucle sin final alcanzable no da error, factura.
Un final tiene que poder contarse desde dentro. El de Almudena es ahora la lista de correos que había en la bandeja cuando arrancó, ni uno más, que es una condición que el agente puede evaluar en vez de una aspiración a la que puede acercarse.
Cada herramienta es un permiso, y este ordenador guarda el certificado
En la primera versión le pasó una orden de consola, porque escribir una función de consulta era media hora y pasar por la consola era un minuto. Cada herramienta que concedes es un permiso, y lo gasta el modelo cuando quiere, que es la diferencia entre una lista de herramientas y una carta. Una consola no es un permiso: son todos los permisos que tiene la cuenta, entregados por adelantado, para gastarlos en un momento en el que no habrá nadie delante.
Aquí esa frase pesa más, y por un motivo que no se puede escribir fuera de España. En el mismo portátil desde el que corre el bucle está instalado el certificado digital de la FNMT, porque es lo que hace falta para hablar con Hacienda y con la Seguridad Social, y buena parte de lo que se firma con él no se deshace.
Un repositorio tiene marcha atrás; una presentación telemática hecha a las tres de la madrugada no la tiene. La versión estrecha de la herramienta cuesta la media hora y la vale, y ese razonamiento entero es el de los límites de seguridad, que se ponen antes de la primera ejecución y no después de la primera sorpresa.
El aviso de que hay un modelo detrás no puede ir en el prompt
Desde agosto de 2026 el correo que sale de ese bucle lleva una obligación encima: quien lo recibe tiene derecho a saber que habla con un modelo, y el reglamento europeo de IA lo exige de las respuestas automáticas que llegan a una persona. Es una obligación de diseño y no de redacción.
La instrucción que casi todo el mundo escribe es «añade siempre una línea diciendo que la respuesta es automática», y esa línea vive dentro de la petición, o sea dentro de algo que se sortea. Sale casi siempre, que no es el listón de una obligación legal: una obligación que se cumple siempre no puede vivir dentro del prompt.
La línea la pega el código, después de que el modelo termine y antes de enviar, donde no hay nada que sortear. La misma prueba vale para el resto: si algo tiene que pasar siempre, no lo pidas, hazlo tú alrededor del bucle.
El orden
La otra orilla no está más adelante, es otro arreglo de lectura
En una orilla una persona lee cada salida. En la otra no hay nadie en la mesa, y cada tablón existe por algo que no se caza mirando.
- 01El bucleCuatro pasos, y lo que cada uno puede y no puede saber
- 02Las herramientasCada una un permiso, gastado cuando lo decide el modelo
- 03El criterio de paradaEl tablón que nadie pone, y por el que se cae la gente
- 04La transcripciónLa única memoria que hay, y se llena
- 05El bucle de otroOrquestación, y solo cuando uno solo ya aburre
Los tablones puestos en otro orden siguen dando un puente por el que se puede pasar, y esa es la dificultad. El hueco solo aparece en la travesía en la que no mira nadie.
La transcripción es la memoria, y se llena
Entre un paso y otro no persiste nada salvo el texto de lo que va de ejecución. La transcripción es la memoria, y un bucle la llena más rápido que una conversación, porque cada paso escribe dentro dos veces, una como llamada a la herramienta y otra como lo que la herramienta devolviera. Una tabla de entregas de una campaña entera es un muro de texto que el bucle vuelve a leer en cada paso posterior.
Por eso la ejecución se puso lenta hacia el final y por eso el paso ochenta sabía menos del paso tres que el paso cuatro. Decidir qué se lleva, qué se resume y qué se escribe en un fichero para leerlo cuando haga falta es memoria y estado, y es una decisión de diseño y no un ajuste, que se toma cuando la transcripción deja de caber.
El atasco es la ejecución que salió bien
El bucle de Almudena funcionó con los veinte primeros correos, y los veinte primeros los tiene todo el mundo. Una ejecución que salió bien es una prueba sobre esa ejecución, y se lee como una prueba sobre el bucle, que es otra afirmación distinta y que nada en la salida distingue de la primera. Ahí es donde la gente se para, y no parece que se haya parado, porque el bucle está haciendo ya una hora de trabajo al día y esa hora es de verdad.
La costumbre que lo pasa es pequeña y no le gusta a nadie: lee la transcripción por la mitad, en vez de la respuesta del final. Todos los fallos de esta página se anunciaron por la mitad, en un paso que devolvió que todo había ido bien, y ninguno se anunció en el resumen. Lo de Mari Cruz salió seis semanas después, cuando llamó preguntando por la liquidación, que es la manera ordinaria de encontrar estas cosas.
El orden, y por qué la orquestación va la última
Es el punto de inteligencia artificial en el que la salida deja de leerse de una en una. Empieza por qué es un agente, porque la mayor parte de lo que se vende como agente es un chat con un preámbulo más largo. Después las herramientas del agente, después el criterio de parada, después los límites, y solo cuando los cuatro estén en pie, la orquestación.
Tomado en el orden que apetece, la orquestación va la segunda y el resto no llega nunca. Varios agentes repartidos alrededor de un problema es una cosa agradable de dibujar y multiplica lo que el bucle único ya estuviera haciendo, incluido el informar de éxito por parte de herramientas que solo se comprobaron a sí mismas.
Quien todavía no ha visto un bucle contestar a un socio que no existe montará cinco y leerá el resumen de arriba. Los agentes de programación son donde la mayoría se encuentra todo esto de verdad, y son el sitio más suave para encontrárselo, porque un repositorio tiene deshacer y una bandeja de entrada no.
Qué abrir en 2026, y qué sustituyó cada cosa
El Model Context Protocol es cómo se le describe una herramienta a un modelo en 2026, y sustituyó a escribir un envoltorio a medida para cada asistente. Es una especificación abierta con servidores de referencia libres, así que el camino gratuito es el camino entero. Lo que compra no es capacidad: es que la lista de lo que un agente puede tocar sea un fichero que se lee en una pantalla.
Claude Code es donde casi todo el mundo va a ver un bucle real por primera vez, en 2026, y sustituyó al autocompletado que adivinaba el final de la línea que estabas escribiendo. No hay camino gratuito que merezca el nombre: va con plan de pago o con crédito de API, facturado en euros. Lo que hay que mirar no es la respuesta del final sino la transcripción de la mitad, que es el único sitio donde se ve a una herramienta informar de éxito sobre algo que no comprobó.
Git es la superficie de revisión. En 2026 sustituye a leer cada fichero que tocó un agente para averiguar qué hizo, y es libre y gratuito. Un agente que edita dentro de un repositorio deja una diferencia que se lee en un minuto; el mismo agente sobre una carpeta de correos enviados deja ochenta y siete mensajes y una sensación.
Queda la pregunta que el arreglo de arriba solo aplaza. Almudena puede contar ochenta y siete entradas y ochenta y siete salidas porque los correos se cuentan.
La mayor parte del trabajo que merece la pena darle a un bucle no viene con un número en cada punta, y entonces el final hay que definirlo en vez de contarlo, que es el mismo problema que resuelve el desarrollo con IA con juegos de casos, y es la razón de que la valoración de la respuesta vaya antes de todo esto y no después. Y lo que ese portátil puede tocar mientras no mira nadie es una pregunta de ciberseguridad antes que de modelos.