Los apuntes españoles vienen con la respuesta debajo. Un ejercicio resuelto se lee de arriba abajo, se entiende entero y no deja nada dentro, porque entenderlo y recordarlo son dos operaciones distintas y la segunda no se ha llegado a ejecutar.
El arreglo cuesta un folio doblado. Tapar la respuesta antes de leer el ejercicio resuelto convierte la misma página en otra cosa: en vez de comprobar que lo entiendes, comprueba que puedes producirlo, que es lo que va a pedirte la persona que tengas delante.
Ese gesto es el tema entero en pequeño. Todo lo que funciona aquí se parece a fallar, y todo lo que se parece a estudiar bien es material entrando por un ojo y saliendo por el otro.
Dos horas de ciento sesenta y ocho, y el resto no lo vigila nadie
Rubén Castaño Vidal se matriculó en octubre en la EOI de Zaragoza, en B2 de alemán, y hasta febrero no le pasó nada raro. Iba a clase los martes y los jueves, hacía los deberes el lunes por la noche y se sentía dentro de un plan.
En febrero la clase pasó a textos de periódico y él se dio cuenta de que las cuatro horas de aula que llevaba desde octubre eran cuatro horas. El resto de cada semana, ciento sesenta y ocho menos esas, no tenía dueño.
Ahí está el atasco español de este tema, y no es la falta de constancia. Es que aquí el idioma se delega en una institución con calendario propio, la academia o la escuela oficial, y el calendario de otro se siente como un plan hasta el día en que se comprueba lo que cabe dentro de él.
La prueba es incómoda y dura un minuto: mira cuántas horas de la semana pasada tuvieron el idioma dentro, y réstale las que estabas sentado en un aula.
Lo que se hace con eso no es dejar la clase. El aula da corrección y da una fecha, que son dos cosas que nadie se pone solo. Lo que hay que dejar de esperar de ella es el volumen: cuatro horas semanales no llenan un idioma en ningún idioma ni con ningún profesor.
Qué se hace en la hora que no tiene profesor
Cuatro movimientos, y cada uno cabe en menos de lo que dura el trayecto al trabajo.
- Regular la dificultad del material. Una palabra desconocida cada varias líneas, no cada varias palabras. Por debajo de esa proporción no se aprende nada porque no se entiende nada, y por encima el texto no enseña, entretiene.
- Buscar antes de mirar. Delante de la palabra tapada, esperar el medio segundo incómodo. Ese medio segundo es el ejercicio, y saltárselo deja la sesión en lectura.
- Cerrar en voz alta. Decir la frase entera después de mirarla, no solo la palabra, porque lo que se va a necesitar el jueves es la frase y no la entrada de diccionario.
- Producir antes de consumir. Escribir tres frases del día de hoy antes de abrir ningún material, con los huecos marcados donde falte algo. Los huecos son la lista de lo que hay que buscar, y viene ordenada por lo que de verdad quieres decir.
Rubén escribió las suyas un miércoles a las siete: que el autobús de la línea 34 había pasado de largo, que había discutido el precio de una reparación y que tenía que devolver unas botas. Tres frases, seis huecos, y esos seis huecos son la lista de vocabulario de la semana, ordenada por lo que necesitaba decir en vez de por la letra inicial.
Una lista sacada así tiene una propiedad que ninguna lista comprada tiene: las palabras vuelven. Las botas hay que devolverlas de verdad, así que la palabra aparece otra vez el sábado sin que nadie la programe.
Los cuatro tienen la misma forma. Se sale de ellos con la sensación de haber ido peor que leyendo, y esa sensación es la única señal fiable que da este oficio.
El repaso se coloca el día en que la palabra está a punto de caerse
Repasar algo firme no cuesta trabajo y tampoco deja nada. Repasar algo ya perdido es volver a aprenderlo desde cero. El repaso se coloca el día en que la palabra está a punto de caerse, y ese día es distinto para cada palabra, lo cual es la razón por la que ningún calendario escrito a mano sirve pasadas las doscientas tarjetas.
Anki lleva desde 2023 un programador nuevo, FSRS, que estima esa fecha por tarjeta a partir de los aciertos y fallos anteriores. Sustituyó a SM-2, el algoritmo de 1987 que todavía copian casi todas las aplicaciones de tarjetas del mercado, y el cambio se nota sobre todo en las palabras difíciles, que dejan de aparecer cada día.
El precio de tenerlo bien colocado es aceptar días desiguales. Un martes salen cuarenta tarjetas y el jueves siguiente ciento diez, porque la fecha la pone el olvido y no la agenda.
Palabra por palabra
La misma palabra puede estar en dos puntos distintos del círculo a la vez
Una palabra que se lee sin tropezar puede faltar entera cuando hay que decirla, porque el círculo se recorre por palabra y no por sesión de estudio.
Una palabra cualquiera
- 01EncontrarlaDentro de algo que has seguido sin parar
- 02Buscarla en la cabezaEn voz alta, y antes de mirar
- 03FallarlaEl medio segundo de no llegar es a lo que venías
- 04RecuperarlaMirar, y repetir la frase entera
- 05GastarlaEn algún sitio donde haya alguien delante
- 01EncontrarlaDentro de algo que has seguido sin parar
- 02Buscarla en la cabezaEn voz alta, y antes de mirar
- 03FallarlaEl medio segundo de no llegar es a lo que venías
- 04RecuperarlaMirar, y repetir la frase entera
- 05GastarlaEn algún sitio donde haya alguien delante
La tercera parada es la que se salta al releer una lista. El círculo se cierra igual, la sensación es buena, y la palabra sigue exactamente igual de lejos.
Encontrar con quién hablar sin que la hora se vaya en cortesías
La otra mitad no se puede hacer solo. Una hora de intercambio se gasta entera en presentarse y en preguntar por el trabajo del otro si nadie la ha preparado, y de esa hora no sale ninguna palabra nueva ni ningún fallo aprovechable.
La forma que funciona es llevar el material dentro: cinco frases escritas antes, sobre algo que haya pasado esta semana, y pedir que te corrijan esas cinco. En italki eso es una clase de tutor de la comunidad, que es el escalón barato y no una capa gratuita. En un intercambio es la mitad del tiempo, con el reloj puesto.
El fallo típico del intercambio es repartirlo por temas y no por reloj. Media hora en cada idioma, cronometrada, deja a los dos con la mitad; una charla suelta la deja siempre en el idioma en que uno de los dos va más cómodo, que es el de casa.
La biblioteca pública es el sitio del que nadie se acuerda. eBiblio presta lectura y audio en el idioma con el carné, gratis, y su catálogo lo fija cada comunidad autónoma, así que lo que hay en Murcia y lo que hay en Asturias no coincide.
Los seis apartados, y el que decide a los demás
El calendario de repasos tiene su propio sitio, con la curva y los intervalos, en cómo funciona la memoria, que es donde está el porqué de la fecha desigual.
Llenar el día sin cambiar de país es la inmersión, y es un apartado distinto del anterior porque su problema no es el olvido sino la cantidad. Encontrar con quién y qué hacer en esa hora es la práctica del idioma, que es la parte que no se resuelve sola por mucho que mejore lo demás.
Convertir todo esto en horas de calendario, con las semanas malas ya previstas, son los planes de estudio. Y los frenazos que le llegan a todo el mundo entre el mes dos y el mes ocho están en los estancamientos, con la salida de cada uno, que casi nunca es más material.
Nada de esto cambia con el idioma que hayas elegido, y por eso el método está aquí una vez en lugar de veinticuatro. Lo que sí cambia es la factura de cada idioma: el inglés cobra el oído y regala la lectura, el francés cobra la ortografía al revés, y el ruso cobra donde nadie mira, pasada la semana del alfabeto.
Falta la decisión anterior a todo esto, que casi nadie toma con los motivos encima de la mesa en vez de con la dificultad. Está en qué idioma elegir.