Burro es mantequilla y no un asno. Esa palabra sola explica por qué el italiano es el idioma más barato de este atlas para un hispanohablante y por qué es también el que más gente deja a medio hacer.
Todo transfiere: el verbo con seis personas, el género, el subjuntivo, el sujeto omitido, el adjetivo detrás del sustantivo y varios miles de palabras. Con eso un español se hace entender en Bolonia el primer día, y a partir de ahí nadie vuelve a corregirle nada.
El precio de esta lengua no está en entenderla ni en hacerse entender. Está en dejar de sonar a español que habla italiano, y esa cuenta no la pasa nadie: hay que pedirla.
Cuatro cosas sostienen el sonido, y dos ya las tienes
Las vocales italianas no se reducen, igual que las españolas, y el acento cae casi siempre en la penúltima sílaba, igual que en la mayor parte del castellano. Ese es el regalo, y es grande: la mitad del acento extranjero de un inglés o de un alemán no aparece aquí.
Las otras dos hay que comprarlas enteras. La primera es la consonante doble, que en italiano no es una convención ortográfica sino una duración que cambia la palabra. Nonno y nono son dos palabras distintas, y las dos son ordinarias: abuelo y noveno. Copia y coppia, casa y cassa, sono y sonno funcionan igual.
La segunda es que cinco letras esconden siete vocales, porque la e y la o son cada una abierta o cerrada, y hay parejas de palabras reales que dependen de eso. Un español las dice todas cerradas y suena, con una precisión desagradable, a extranjero simpático.
Los falsos amigos son idénticos, y por eso no avisan
Con el inglés los falsos amigos se parecen. Aquí son la misma palabra escrita igual, así que no hay ninguna señal, y esta lista corta rinde más que doscientas palabras nuevas.
- burro, aceto, caldo. Burro es mantequilla, aceto es vinagre y caldo es caliente; el caldo se llama brodo y el aceite, olio. Una lista de la compra hecha de memoria sale entera del revés.
- salire. Salire es subir, y para salir está uscire. Salgo dopo dice que sube después, no que se marcha, y es un error que se comete durante años sin que nadie lo note.
- imbarazzata. Imbarazzata es avergonzada, no embarazada, y es la frase que se cuenta en las comidas familiares durante una generación.
- guardare y gamba. Guardare es mirar y gamba es pierna. Ninguna de las dos tiene relación con guardar ni con el marisco, y las dos salen en la primera conversación.
- largo y lungo. Largo es ancho y lungo es largo, exactamente igual que en francés, así que quien viene de allí lo tiene resuelto y quien viene del español lo falla dos veces.
La doble se produce parando el aire un instante más largo en esa consonante, no repitiéndola. En pala y palla el labio se cierra una sola vez en las dos; lo que cambia es cuánto tiempo se queda cerrado, y ese tiempo es la palabra. Un español que la marca dos veces suena peor que el que no la marca, así que la práctica útil es alargar, no repetir.
Nadie te va a obligar a mejorar
El atasco italiano tiene nombre y no es una fase: es que la comprensión mutua llega antes que la corrección. Un francés o un alemán que hablan mal no se hacen entender, y esa frustración les empuja; un español que habla mal italiano se hace entender perfectamente y se queda ahí.
Marisa Cuenca Bragado lleva cuatro veranos en Nápoles por trabajo y pide, discute precios y hace amigos sin ningún problema, con las dobles sin duplicar y con todas las vocales cerradas. Nadie se lo ha dicho nunca, porque decírselo sería raro y porque se le entiende.
La salida es pedir la corrección explícitamente y por escrito, que es lo contrario de lo que aconseja cualquier método: grabar dos minutos hablando, mandarlos y pedir que le marquen solo las dobles y las vocales abiertas. Corregir el resto en esa fase no sirve, porque el resto ya está bien.
De dónde vienen las palabras compartidas
El mismo latín, bajando dos veces por dos laderas distintas
El español y el italiano no se prestaron estas palabras: las heredaron por separado del mismo sitio, y donde no coinciden es porque una de las dos se movió.
- Heredado: comprendere y domandare son lo que se dice de verdad
- Parece préstamo entre lenguas, y son dos llegadas separadas
- Heredado también, y con el árabe encima: aceite, almohada, ojalá
- Latín
- Italiano
- Español
- LatínLa fuente de la que bajan los dos
- ItalianoDescendencia directa, y las palabras siguieron siendo de diario
- EspañolDescendencia directa también, con mil años de deriva por su cuenta
- Latín — ItalianoHeredado: comprendere y domandare son lo que se dice de verdad
- Italiano — EspañolParece préstamo entre lenguas, y son dos llegadas separadas
- Español — LatínHeredado también, y con el árabe encima: aceite, almohada, ojalá
El lado marcado explica los falsos amigos mejor que ninguna lista: burro y caldo no son trampas, son dos herencias del mismo latín que se separaron y nadie volvió a sincronizar.
Ci y ne llegan el primer mes y se enseñan el noveno
Dos partículas cortas aparecen en todas las frases desde el primer día y ningún manual las explica hasta bien entrado el libro. Ci vale por a eso, allí o en eso: ci penso io significa que de eso se ocupa quien habla. Ne vale por de eso: ne parliamo domani dice que de eso se habla mañana.
Un español las oye como ruido y sigue construyendo la frase sin ellas, que es gramaticalmente posible y suena a traducción. Meterlas pronto, aunque sea de memoria y en cuatro fórmulas fijas, cambia el sonido de la frase más que cien palabras de vocabulario.
El otro sitio donde el español estorba es el auxiliar del pasado. El italiano conserva la distinción que el castellano perdió: he ido se dice sono andato si lo dice un hombre y sono andata si lo dice una mujer, porque con essere el participio concuerda con el sujeto. Ho mangiato, en cambio, no concuerda con nadie. Es media hora de regla y dos años de descuido.
Dos diccionarios italianos y una cámara en la calle
Treccani es la referencia gratuita en línea y es donde se acaba una discusión sobre uso, porque trae la palabra con su historia y con su registro. Sustituyó al tomo de la enciclopedia que había en casa de los padres de alguien.
El diccionario De Mauro, en dizionario.internazionale.it, es gratuito y marca cuánto de común es cada palabra, que es el dato que un diccionario bilingüe nunca da y el que decide qué vale la pena aprender primero. Easy Italian graba a gente por la calle con subtítulos en los dos idiomas, gratis en el canal, y sustituyó al diálogo de estudio en el que nadie se come una sílaba, que es justo la sílaba que hay que aprender a oír.
Los cinco apartados, y el orden que sale de aquí
El orden aquí no es el habitual, porque lo habitual es empezar por la gramática y aquí la gramática es lo que ya está pagado. La pronunciación italiana va primero, con las dobles y las vocales abiertas, precisamente porque es la única partida cara del principio.
Los falsos amigos de arriba son cinco de una lista larga, y la lista, con las raíces que sí coinciden, está en el vocabulario en italiano. Ci, ne y las concordancias del participio con essere están en la gramática italiana, que para este lector se lee en una tarde y se practica un año.
La velocidad real de cada región, que en el sur no se parece a la del método, es la comprensión oral en italiano. Y pedir corrección, que es el movimiento que decide si esto pasa de B1, es la conversación en italiano.
De los vecinos, el latín es el que explica por qué tantas palabras coinciden y por qué las que no coinciden divergieron: las dos lenguas descienden de él directamente, y los falsos amigos son el registro de esa deriva. El portugués le pasa a un español la misma factura con otro orden, y por eso hacer los dos a la vez es el peor plan disponible. El calendario y la práctica están en cómo aprender un idioma.
Queda una pregunta que se hace a los seis meses, cuando ya se defiende y sabe que suena raro: cómo se consigue que alguien te corrija sin convertir cada conversación en una clase. Eso está en la práctica del idioma.