Mesa es mesa, silya es silla, kutsara es cuchara y kumusta es cómo está. El filipino guarda miles de palabras españolas en el sitio donde más se usan, la casa y la cocina, así que este idioma le sale más barato a un hispanohablante que a cualquier otra persona viva.
La cuenta sigue subiendo con los números y con el reloj. Alas dos, alas kuwatro y media, singkuwenta pesos: la hora y buena parte del dinero se dicen en español, con la pronunciación adaptada y la gramática de otro idioma alrededor.
Y ese alrededor es la factura entera, porque debajo de todo el vocabulario prestado hay una frase que no se parece a nada de aquí. El verbo va primero, y lo que decide de qué va la frase es una marca sobre ese verbo.
Cinco maneras de señalar un mismo suceso
Un hombre cocina un pescado en la cocina con una sartén para su madre. El filipino puede poner en foco a cualquiera de esos cinco, y ninguna de las cinco frases es una pasiva: el verbo cambia de afijo y ang marca el foco, el participante del que va la frase.
Esto no tiene equivalente en español y es lo único que hay que entender de verdad. La raíz del verbo, sola, no es una palabra que se pueda usar; el afijo no es un adorno, es la parte que dice en cuál de las cinco frases se está.
Lo que más se falla no es la lista, es cuál se usa. La que enseña primero cualquier curso es la del que hace la acción, porque se parece a una frase española; la que la gente usa más a menudo es la del objeto, y esa se aprende la última.
La primera que aprendes es la que menos usan
Consecuencia práctica de lo anterior, y es la razón de esta página: alguien con un año de filipino monta frases correctas que suenan a traducción, porque lleva el foco en el que hace la acción en todas ellas.
El arreglo es un ejercicio de diez minutos y hay que hacerlo pronto: coger cinco frases propias y volver a decirlas poniendo en foco el objeto en vez del sujeto. Suena raro las primeras veces y es lo que dice un filipino.
El inglés dentro de la frase no la está estropeando
Una conversación normal en Manila mete palabras inglesas cada pocas frases, y eso no es descuido ni un idioma a medias. Es sistemático: las capas prestadas ponen las palabras y la capa tagala pone todo lo que decide qué significa la frase.
Un verbo inglés entra, recibe un afijo de foco y se conjuga como cualquier otro, porque el armazón de abajo nunca se volvió inglés. Para un español eso es reconocible desde dentro: es lo mismo que hace el castellano con los verbos que le llegan de fuera y que salen conjugados a la primera.
La lección de método es que no hay que esperar a un filipino puro para practicar. El que se habla es este, y estudiar solo el registro sin préstamos deja a alguien preparado para una lengua que no se usa en la calle.
El acento decide la palabra, y no va escrito
Dos palabras con las mismas letras y el acento en otra sílaba son dos palabras distintas, y el acento no se escribe. El filipino se escribe con el alfabeto latino y se lee sin ninguna dificultad, así que el error no viene de la escritura: viene de que la escritura no guarda el dato que hace falta.
Un hispanohablante llega con ventaja y con una trampa. La ventaja es que su idioma también distingue palabras por el acento y sabe lo que es; la trampa es que en español eso va marcado en la tilde y aquí no hay ninguna, así que la palabra hay que aprenderla con su acento desde la primera vez que se ve.
Qué sostiene a qué
Por mucho inglés que lleve la frase, el armazón de debajo no es inglés
La mezcla es sistemática y no descuidada: las capas prestadas ponen las palabras y la capa tagala pone todo lo que decide qué significa la frase.
- InglésSustantivos, raíces verbales y casi todo el vocabulario técnico, recibiendo afijos filipinos según llegan
- EspañolLos números, la hora, la cocina y buena parte de la vida diaria
- El armazón tagaloEl foco en el verbo, los marcadores, los pronombres y el orden. Nada de eso es prestado
Lo que afirma el dibujo es el volumen y no el orden. Coge una palabra inglesa, ponle un afijo de foco y se conjuga como cualquier otra, porque el piso de abajo nunca se volvió inglés.
La lista española, y lo que le pasó al cruzar
Las palabras españolas del filipino no llegaron intactas y sus cambios son regulares, así que reconocerlas es cuestión de saber dos o tres reglas y no de memorizar una lista.
- La ll y la ñ se deshacen. Silla queda en silya y cuchillo en kutsilyo; el sonido de la eñe se escribe ny.
- La c y la qu se escriben con k. Cuchara queda en kutsara y cuarto en kuwarto, y la ch se escribe ts.
- El artículo se pega o se cae. Muchas palabras entraron con lo que las acompañaba, igual que el al del árabe entró pegado al español.
- El significado se estrecha. Siempre es siyempre y quiere decir por supuesto, no cada vez; y el que llega diciendo lo otro se hace entender a medias durante meses.
Hay además una asimetría útil de conocer antes de fiarse del regalo: el préstamo español está sobre todo en los sustantivos y casi nada en los verbos, que es donde vive la gramática de esta lengua. Se reconoce la mitad de las cosas de una habitación y ni una sola de las acciones que se hacen en ella.
Ese último punto es el que cuesta dinero. Una palabra que se reconoce no se consulta, así que los pocos casos en que el significado se movió pasan años sin corregirse.
Un diccionario que desmonta la palabra
Tagalog.com es gratuito, separa una raíz de su afijo y dice qué foco lleva, que es exactamente lo que hace falta cuando lo que se está aprendiendo es ese sistema. Sustituyó a hacer ese camino a mano, que exige tener ya el sistema que uno intenta aprender.
Wiktionary es gratuito y pone las tablas de afijos en un sitio, en vez de ir encontrando un foco cada vez sin ver nunca el conjunto. Anki sostiene el vocabulario, gratis en ordenador y en Android y de compra única en iOS, y aquí la tarjeta lleva el verbo ya afijado y dentro de una frase, porque una lista de raíces desnudas no se puede meter en ninguna oración.
Los cinco apartados, y por dónde entra alguien que viene del español
El foco, los marcadores y el orden están en la gramática filipina, y es el apartado que hay que hacer entero y pronto, porque sin él las demás cosas no encajan en ninguna parte.
Las capas de vocabulario, con la lista larga de lo que ya se sabe sin haberlo estudiado, están en el vocabulario en filipino. El acento sin marcar está en la pronunciación filipina, que es corto y decide más de lo que parece.
Cambiar el foco al hablar, que es lo que separa una frase correcta de una frase que suena filipina, es la conversación en filipino, y seguir una conversación con préstamos ingleses dentro es la comprensión oral en filipino.
De los vecinos, el español para extranjeros explica desde dentro cómo llegaron aquí esas palabras y qué les pasó al llegar, y es la comparación que más rinde en este caso concreto. El inglés es la otra capa prestada y la que sigue creciendo. El calendario está en cómo aprender un idioma.
Queda la pregunta que decide cuánto hay que estudiar de verdad, y depende de para qué: si hace falta el armazón entero o basta con el vocabulario y unas cuantas fórmulas para entenderse en casa de alguien. Donde eso se piensa con los motivos delante es qué idioma elegir.