La jota de jamón es la misma consonante que la ch alemana de Bach, la х del ruso y la خ del árabe. Un angloparlante tarda semanas en producirla y muchos no llegan; un hispanohablante la dice cien veces al día sin pensarla. Ese es el primer renglón de una factura que casi nadie lee antes de matricularse.
Las cifras que se citan, de 600 a 750 horas para un idioma cercano y 2.200 para uno lejano hasta un nivel profesional, están medidas sobre un angloparlante. El factor de tres se sostiene; la lista de cuáles son cercanos, no. Para quien sale del español, el italiano cae muy por debajo del extremo bajo, y el inglés, que en esa tabla figura como cercano, esconde media factura donde la tabla no mira.
Lo que el español ya te dio y no vas a volver a pagar
Un curso escrito en inglés cobra estas partidas una por una, y aquí ya están saldadas.
- Las cinco vocales limpias, sin reducción y sin schwa. Valen para el japonés, el griego, el italiano, el turco y el filipino, y son la razón de que una página de pronunciación japonesa escrita aquí empiece por el acento tonal.
- La ere, vibrante o simple. Gratis en italiano, ruso, polaco, griego, árabe, persa, hindi y portugués. Es el sonido que un curso de inglés persigue durante un mes entero.
- La eñe, que el francés y el italiano escriben gn, el portugués nh y el filipino ny. Tres ortografías para algo que ya sabes hacer.
- El género gramatical. Gratis en francés, italiano, portugués, ruso, polaco, griego, árabe, hebreo, hindi e irlandés, y dos tercios gratis en alemán. Es la partida más grande del inventario.
- Un verbo con seis personas, vosotros incluido, y un sistema de tiempos completo. En francés, italiano, portugués, latín, griego, polaco, árabe y hebreo es la misma tabla con otras terminaciones.
- El subjuntivo y el sujeto omitido. Lo primero se paga durante meses en un curso inglés. Lo segundo hace que una frase sin pronombre sea normal en vez de elíptica, como en italiano, griego, polaco, latín, árabe, turco, japonés y coreano.
Y hay una partida que solo tiene el español de España. La zeta de zapato y la ce de cielo son la th inglesa de think, la θ griega y la ث árabe: el sonido que el inglés tiene por su obstáculo mayor está aquí en la palabra con la que se pide calzado. Un bogotano no lo tiene, y por eso la página gemela en el otro español dice lo contrario que esta.
Media tarifa: la idea la tienes, el sistema no
Hay un segundo bloque donde el español no regala la respuesta pero sí la pregunta. Los casos, por ejemplo. El español no declina ningún sustantivo, y sí declina sus pronombres, yo, me, mí, y marca el objeto directo con la a personal. Los cuatro casos del alemán, los seis del ruso y los siete del polaco son una tabla más grande, no una idea nueva.
El más rentable de todos es el aspecto. Canté contra cantaba es el aspecto ruso en pequeño: la misma acción, y la diferencia está en si se mira terminada o en curso. Una página inglesa levanta esa distinción desde nada, y de ahí viene la fama de imposible del perfectivo eslavo. Empieza el ruso por ahí, antes que por el alfabeto.
Con la formalidad pasa igual: tú contra usted es un eje conocido cuando llegan el vous francés, el Sie alemán o el вы ruso. Y el español pone el verbo delante del sujeto sin pestañear, aprobó Nerea Aguirre el C1 en junio, así que el verbo en segunda posición del alemán resulta menos ajeno de lo que supone cualquier manual inglés.
El título
Todo el mundo pasa por el mismo examen, y por eso el examen no separa a nadie
Arriba cabe cualquiera que se matricule. El cuello es estrecho porque en España el papel es el único punto por el que pasa el recorrido entero.
- Todo el que se matriculaEl instituto, la EOI, la academia del barrio o la aplicación: entradas distintas, misma salida
- El que llega con el temario terminadoReconoce cada tiempo verbal y sabe qué puntúa cada parte de la prueba
- El que aprueba y guarda el papelUn B2 que la universidad admite y que la oposición cuenta en puntos
- La llamada de trabajo sin prepararNadie da el enunciado por adelantado, y el turno de palabra no espera
- Material hecho para nativosUna serie sin subtítulos en español, que es donde estaba la comprensión de verdad
- Alguien con quien hablar cada semanaLo que el temario no incluye, porque no hay manera barata de corregirlo en una hoja
- El idioma siguiente, ya sin examen detrásDonde se ve si aprendiste a aprender o aprendiste a aprobar
No dice cuánta gente sale por abajo. Quien se queda en el papel no aparece en ninguna estadística, porque aprobar ya cuenta como haber terminado.
La división es por idioma, y no por destreza
Casi todo lo publicado sobre idiomas está archivado al revés, por destreza: un texto sobre memorizar vocabulario, otro sobre mejorar la comprensión oral, cada uno escrito para veinticuatro idiomas a la vez. Archivado así solo cabe decir lo cierto de todos, y lo cierto de todos es una lista corta.
Archivado por idioma, los mismos cinco títulos empiezan a decir algo. Vocabulario en alemán es descomponer un compuesto que nunca has visto en piezas que ya tienes. Vocabulario en árabe es reconocer una raíz de tres consonantes y recibir doce palabras con ella. Vocabulario en chino no es ninguna de las dos: la unidad que carga el significado es el carácter, y hay unos cuantos miles.
Existe un sitio donde la división por destreza sí es la correcta, y tiene tema propio. El calendario de repasos, la inmersión y el asunto de encontrar con quién hablar no cambian con el idioma, así que cómo aprender un idioma los guarda una vez en lugar de veinticuatro.
Un idioma hasta B1 antes de empezar el segundo
El orden que más caro sale no es sonidos antes que gramática ni al revés. Es dos idiomas empezados con tres semanas de diferencia, con la idea de que el segundo sale casi gratis porque el primero va bien. No sale gratis. Dos idiomas interfieren justo donde se parecen, y ahí está la trampa propia de un hispanohablante: los idiomas baratos de esta página son casi todos románicos, y son exactamente los que se pisan entre sí.
El italiano y el portugués a la vez es peor plan que el italiano y el japonés a la vez, y quien lo intenta casi siempre intenta el primer par, porque los dos parecen medio hechos. La regla que sale de ahí es aburrida y es la única que aguanta: un idioma hasta B1 antes de empezar el segundo.
El orden equivocado más silencioso es leer sobre método en vez de practicar ninguno. El método vale una hora la primera semana y no vuelve a valer nada hasta el tercer mes, cuando por fin hay bastante material en la cabeza para que un calendario tenga algo que ordenar.
Dentro de un idioma el orden está menos discutido de lo que parece. Los sonidos primero, porque lo que la boca haga el primer mes es lo que seguirá haciendo: un hábito de pronunciación cuesta mucho más quitarlo en el mes doce que instalarlo en el primero.
La señal
Las dos listas están hechas de las mismas palabras, y solo una se ha practicado en la dirección que pide una conversación
Un examen mide el círculo grande. La persona que espera a que termines la frase mide el pequeño.
- Lo que reconocesCrece deprisa, y es lo que puntúa una prueba
- Lo que producesCrece despacio, y es lo que cobra la calle
Los dos círculos están dibujados del mismo tamaño, que es generoso. En casi todo el mundo el de reconocer es varias veces el otro, y esa diferencia es la que se confunde con vergüenza.
El atasco no está en el mes dos, está en el título
El manual inglés de este tema coloca el atasco en el mes dos, cuando la aplicación gratuita se queda corta. En España llega antes y por otro motivo: aquí casi nadie aprende un idioma sin un papel al final. La universidad no expide el grado sin un B1 o un B2, la oposición lo puntúa y la empresa lo pide en el anuncio.
Íñigo Salazar Otero aprobó el C1 en Vitoria hace dos años y sigue apuntando en un papel lo que va a decir antes de cada reunión con el cliente de Cork. No es mala suerte: es que el título mide lo que reconoces, no lo que recuperas. Reconocer es marcar la opción correcta entre cuatro, con la frase delante y el reloj despacio. Recuperar es sacar la palabra de la nada mientras alguien al otro lado del teléfono espera.
Y lo que la prueba no mira es, en inglés, justo lo que el español no regala: el ritmo acentual, la reducción de las vocales átonas y la schwa. A eso se suma un detalle por debajo del nivel de la conciencia. Ninguna palabra española empieza por ese más consonante, así que speak sale espeak y student sale estudent, y quien lo hace no se oye hacerlo.
El abandono tampoco se decide: se aprueba, se guarda el papel y el idioma deja de tener calendario. La pérdida ocurre seis meses después del aprobado, sin que ninguna estadística la recoja.
Las herramientas de 2026, y la que solo existe en España
La EOI, la Escuela Oficial de Idiomas, no aparece en ninguna página escrita en inglés y es la primera que hay que nombrar aquí. Es pública, las tasas las fija cada comunidad autónoma y quedan muy por debajo de una academia privada, y su certificado es oficial en lugar de ser el papel de un centro particular. Lo que hace mal es la conversación: los grupos son grandes y el turno de palabra de cada uno dura poco.
Anki sigue siendo la herramienta de repetición espaciada, cosa rara tratándose de un programa con ese aspecto. Sustituyó a las fichas de cartón y ha sobrevivido a diez años de aplicaciones creadas para reemplazarlo, porque el producto es el calendario y no la interfaz. Gratis en ordenador y en Android, de pago en iOS con una compra única. El error habitual es llenarlo de palabras que nunca se han visto dentro de una frase: una tarjeta así se falla durante un mes seguido.
Language Reactor y las capas de navegador parecidas ponen dos pistas de subtítulos sobre el mismo vídeo, la del idioma y la tuya, y dejan parar en una línea para desmontarla, en lugar de pausar, rebobinar y tener un diccionario en la otra mano. Con eso se arregla la comprensión oral, la destreza que casi todo el mundo deja para el final.
Lo genuinamente nuevo desde 2023 es un modelo con el que se puede hablar. Sustituyó a la hora de profesor con cita previa y al intercambio que se aburre, y es la respuesta exacta al hueco español, porque lo que falta después del título es alguien con quien hablar cada semana sin pagar por hora. Dos límites, dichos claros: no oye la pronunciación, porque lee texto, y acepta frases que ningún nativo produciría. Cómo funcionan los modelos explica por qué el modelo acepta esas frases, y la ingeniería de prompts es cómo sacarle una corrección en vez de un aplauso.
Duolingo es donde está de verdad casi todo el que lee esto, y está bien. Sustituyó al libro de frases y al primer capítulo de un curso en papel, es gratis con publicidad y lleva el primer mes mejor que un manual. Lo que no hace es el segundo mes, ni el examen: sus ejercicios son cortos porque los ejercicios cortos mantienen viva una racha.
La factura
Lo que cada idioma le cobra de verdad a quien sale del español
El precio no lo fija la dificultad del idioma. Lo fija la distancia entre lo que pide y lo que el español ya dejó hecho.
Colocados por cuánto hay que enseñar desde nada en una página de este atlas. Es un juicio, hecho aquí, y no una medición.
- ItalianoGénero, conjugación, subjuntivo y vocales limpias: el sistema está montado y falta el léxico
- RusoEl aspecto y la ere son tuyos; seis casos y el cirílico son tabla nueva sobre idea vieja
- InglésLa gramática la estudiaste doce años; el ritmo, la schwa y la e delante de speak no los tocó nadie
- JaponésVocales y ritmo silábico de regalo; tres escrituras y el acento tonal son factura íntegra
No dice cuánto tarda cada uno, que es otro eje. El italiano barato y el japonés caro pueden costar las mismas horas si el italiano se abandona en marzo.
Cómo comprobar a los tres meses que ya no traduces
La fluidez no es una cantidad de palabras. Es la velocidad a la que se alcanza una cantidad menor mientras alguien espera a que termines la frase. Las dos cosas crecen a ritmos distintos: casi cualquiera lee y sigue mucho más de lo que produce, y la diferencia se ensancha conforme mejora la lectura. La lectura equivocada de eso es que falta confianza.
La versión comprobable, a los tres meses: di en voz alta algo que no hayas dicho nunca, sobre algo que te haya pasado hoy, y mira si primero se te forma la frase en español y luego la traduces. Si se forma, estás traduciendo, y más vocabulario no lo va a parar. Si no se forma, aunque salga torpe, eso es lo que no había en el mes uno.
Veinticuatro idiomas, y por dónde entrar
De los veinticuatro, el inglés es el más ancho, doce apartados frente a cinco o siete en el resto, porque además carga con los exámenes, con el inglés que decide una entrevista y con enseñárselo a otro. La mayoría de quien llega a este tema llega ahí, con doce años de clases detrás y sin poder pedir un café sin ensayarlo.
Los demás no son el mismo tema con el nombre cambiado. El italiano sirve de banco de pruebas antes que de idioma: si un método no funciona ahí, no era el método. El ruso asusta por el alfabeto, y el alfabeto se despacha en una semana; lo que de verdad cuesta aparece después, cuando ya nadie mira. El japonés reparte la dificultad al revés que casi todos: la gramática y los sonidos van soltando terreno mes a mes, y la escritura no suelta nunca.
Y hay uno que casi nadie en España se plantea. El filipino guarda miles de palabras venidas del español, mesa, silya, kutsara, kumusta, así que le sale más barato a un hispanohablante que a cualquier otra persona viva. El árabe devuelve el favor: unas cuatro mil palabras del español vienen de él, aceite, almohada, alcalde, ojalá.
Para quien está aquí por trabajo, la destreza vecina es comunicación, y es otra cosa: gente con un inglés excelente pierde reuniones todas las semanas por no saber ordenar lo que va a decir.
Queda cuál de los veinticuatro abrir, y la forma útil de esa pregunta no es cuál resulta más fácil. Es cuál vas a seguir abriendo en la semana siete, porque la semana siete es la única que decide algo. Qué idioma elegir es donde eso se discute con los motivos reales encima de la mesa.