Las palabras no cambian nunca de forma. No hay conjugación, no hay plural, no hay caso y no hay concordancia, así que la parte del idioma que a un hispanohablante le ocupa años de tablas aquí sencillamente no existe.
A cambio, todo eso se metió dentro de la sílaba. Seis tonos en el norte y cinco en el sur, consonantes finales que se cierran y no se sueltan, y sílabas tan cortas que la que se pierde se pierde entera.
El resultado es una lengua sin redundancia, y esa es la palabra exacta. Un idioma con terminaciones dice lo mismo tres veces y deja que quien escucha reconstruya lo que se le escapó; aquí no hay con qué reconstruir nada.
El cambio, dicho sin adornos
Lo que se quitó se aprende en semanas y está genuinamente ausente, no simplificado: se dice ayer yo comer y con eso está el pasado. Un español que lleva media vida eligiendo entre canté y cantaba se encuentra con que la elección desapareció.
Lo que se puso dentro de la sílaba es donde el error no lo salva nada. Si en español se falla una vocal, quedan la terminación, el artículo y la concordancia para que la frase se entienda igual. Aquí no queda nada al lado, y esa es la dificultad de verdad, que no es el peso sino que todo el peso está en un solo sitio.
Seis tonos, y el sur usa cinco
El tono va escrito encima de la vocal, que es una ventaja enorme frente al chino: la escritura es latina y el tono va escrito encima de la vocal, así que leer no obliga a saber la palabra de antemano.
Para un español el problema no es distinguirlos en una tarjeta, es que su idioma usa la melodía para otra cosa. La entonación de pregunta española sube al final y aquí esa subida cambia la palabra, exactamente igual que en chino y con dos tonos más de los que hay allí.
Dos de los seis se distinguen además por la calidad de la voz y no solo por la altura, con un cierre de garganta que el español no hace nunca. Esos dos son los últimos en llegar y merecen trabajarse por separado, con grabaciones y sin prisa.
Las consonantes finales se cierran y no se sueltan
Las consonantes finales se cierran y no se sueltan. La boca hace la postura de la pe, de la te o de la ka y se queda ahí, sin la explosión final que un español pone siempre.
Es un hábito pequeño y es el que más delata, porque el castellano casi no termina palabras en consonante y cuando lo hace las suelta con claridad. Quien las suelta aquí añade una sílaba que no existe, y en una lengua donde cada sílaba es una palabra, eso convierte una frase en otra.
Norte o sur, y no es una preferencia
El norte usa seis tonos y el sur cinco, porque dos de ellos se fundieron; y varias consonantes que en Hanói se separan, en la ciudad de Ho Chi Minh se dicen igual. Cambia también parte del vocabulario corriente, incluidas palabras que salen todos los días.
La decisión se parece a la del portugués y hay que tomarla igual de pronto: se elige por dónde va a estar la gente con la que se va a hablar, no por cuál suena mejor. Y hay un dato que inclina la balanza para quien no tenga motivo: la mayor parte del material para aprender enseña la variedad del norte, aunque la comunidad vietnamita fuera del país sea sobre todo del sur.
Elegir sin saberlo es lo caro. Quien estudia seis tonos y luego trata a diario con hablantes del sur pasa meses creyendo que oye mal.
Una frase llegando
Aquí nada se repite, así que cada eslabón carga solo con lo suyo
Una lengua con terminaciones dice lo mismo varias veces y quien escucha reconstruye lo que se le escapó. Así es una frase cuando eso no existe.
- La sílabaCorta, y pasada antes de haber decidido nada sobre ella
- Su tonoVa dentro de la sílaba y no al lado
- Su consonante finalCerrada, sin soltar, y fácil de perder entera
- Su posiciónEl orden es la única gramática que hay, así que el hueco es el significado
El eslabón abierto es en el que más se apoya quien empieza, porque es el único que sobrevive a un oído malo. Y es también el que falla en silencio en cuanto la frase se reordena.
No hay una palabra neutra para tú
No hay una palabra neutra para tú. Se elige según la edad y el parentesco: hermano mayor, hermana menor, tío, abuela, y esa elección se hace en cada frase y también para uno mismo, que se nombra con el término recíproco.
Un hispanohablante llega a medias con esto. La idea de que el trato se decide por la relación ya está en tú y usted, así que no le suena raro que haya que elegir; lo que le falta es que aquí el sistema tiene una docena de casillas en vez de dos, y que equivocarse no es formal o informal, es asignarle a alguien una edad que no tiene.
Ese vocabulario tiene además una capa francesa que un hispanohablante reconoce a la primera, porque llegó de la misma raíz latina: cà phê es café, ga es la estación, xà phòng es el jabón y bơ es la mantequilla. Son pocas docenas de palabras y todas del día a día, así que rinden mucho más de lo que su número sugiere. Conviene apuntarlas juntas la primera semana, en una lista aparte, porque son las únicas de este idioma que no hay que aprender dos veces: una para el significado y otra para el tono.
Qué usar, y la capa que hay debajo del vocabulario
Wiktionary es gratuito y dice de qué palabra china viene cada término cuando viene de alguna, y eso importa más de lo que parece: buena parte del vocabulario culto llegó por ahí, en capas, igual que el latín llegó al español. Sustituyó a un diccionario etimológico que nadie iba a comprarse.
Forvo es gratuito y trae varias grabaciones nativas por palabra, del norte y del sur, y sustituyó a confiar en que el audio del manual cubriera justo la palabra que hacía falta. Anki, gratis en ordenador y en Android y de compra única en iOS, sostiene esto a largo plazo con una condición propia: la tarjeta lleva audio, porque una tarjeta que solo comprueba si se lee bien un diacrítico no está comprobando nada. Y un modelo corrige lo escrito por la capa gratuita de cualquier asistente, con el límite evidente de que no oye.
Los seis apartados, y por dónde entra alguien que viene del español
Se entra por los seis tonos y por la pronunciación vietnamita, con las finales cerradas, y son los dos apartados donde está la factura entera de este idioma.
La decisión de norte o sur, que cambia el número de tonos y bastante vocabulario, está en norte y sur, y conviene tomarla pronto porque decide qué material sirve.
El orden de las palabras, que aquí es la gramática entera, está en la gramática vietnamita, y se lee en una tarde. Los términos de trato y las capas de vocabulario están en el vocabulario en vietnamita, y seguir una conversación sin poder reconstruir lo que se escapó es la comprensión oral en vietnamita.
De los vecinos, el chino comparte el tono y la ausencia de conjugación, y cobra en una escritura que aquí no existe. El coreano comparte la elección del trato según la relación y ninguna otra cosa. El calendario está en cómo aprender un idioma.
Queda la pregunta que decide si esto sigue, y conviene hacérsela antes del tercer mes: si lo que atrajo fue la gramática sin tablas o era el sitio. Si era lo primero, hay opciones con menos factura de oído, y donde eso se compara es en qué idioma elegir.