Reconoces todas las palabras y no sabes quién hace qué. Ese es el fallo característico de un hispanohablante delante de una frase latina, y es exactamente el contrario del que tiene un estudiante inglés, que analiza la sintaxis bien y no sabe qué significa ninguna palabra.
El motivo está a la vista en cuanto se dice: el español se quedó con el vocabulario latino entero y tiró las declinaciones. Lo que sobrevivió es lo que se reconoce, y lo que se perdió es justo lo que decide quién es el sujeto.
De ahí sale un orden de trabajo distinto del que trae cualquier manual. La mitad del vocabulario está pagada y la mitad de la sintaxis está sin empezar, así que este lector debería pasar más tiempo en las terminaciones y bastante menos en el diccionario.
El único idioma de esta lista que no se estudia para hablarlo
El objetivo es leer, no hablar, y decirlo cambia todas las decisiones que vienen detrás. No hay conversación que preparar, no hay acento que corregir y no hay nadie con quien quedar, así que el criterio de progreso es uno solo: cuántas páginas se leen sin parar.
En España este idioma llega casi siempre por el mismo sitio, el bachillerato de humanidades y su examen, y llega enseñado por traducción. Cuatro años de eso producen a alguien que sabe desmontar una frase con un diccionario al lado y tiempo por delante, que es una habilidad real y no es leer.
Cruzar de desmontar a leer
Desmontar una frase es buscar el verbo principal, localizar el sujeto, encajar los complementos y luego decir el resultado en español. Leer es tomar las palabras en el orden en que están escritas y entenderlas según llegan, una vez, sin recomponer nada.
Nada de lo que falta para cruzar es gramática. Quien terminó la sintaxis tiene en principio todo lo necesario, y lo que le falta son hábitos: sostener un acusativo sin correr a buscar el verbo, dejar de producir español mientras lee, y tener bastante vocabulario como para no levantar la vista.
El cuarto ingrediente es el que nadie receta: cantidad de latín fácil. Eso significa bajar de nivel, y un temario escolar solo sabe subir, de manera que un quinto año de textos más difíciles casi nunca cruza este puente. La dificultad no era lo que faltaba.
El orden libre es lo que permite leer en orden
Cinco declinaciones y cuatro conjugaciones, y con eso está el armazón. El orden es libre porque las terminaciones llevan los papeles: da igual dónde esté el sujeto, porque va marcado, y por eso el autor puede colocar cada palabra donde le conviene para el énfasis o para el ritmo.
Un hispanohablante tiene aquí una ventaja que un inglés no tiene, y es de actitud más que de conocimiento: el castellano ya mueve el sujeto detrás del verbo sin pestañear, así que un orden distinto del habitual no le suena a error. Lo que hay que instalar no es la idea, es la terminación.
La consecuencia práctica es la que hace posible leer en orden. Si el papel de cada palabra llega con la palabra, no hace falta esperar al final de la frase para saber qué era cada cosa, que es exactamente lo que obliga a hacer el alemán y lo contrario de lo que enseña la traducción escolar.
Las palabras que el español conservó cambiándoles el sentido
La otra cara de tener el vocabulario pagado es que unas cuantas palabras llegaron intactas con el significado movido, y como se reconocen no se consultan nunca.
- villa es una finca de campo con su casa y sus tierras, no un pueblo.
- hostis es el enemigo público, y no tiene nada que ver con huésped.
- familia es la casa entera, con los esclavos dentro, y no el grupo de padres e hijos.
- virtus es el valor y la hombría, y solo mucho después la virtud moral.
- labor es la fatiga y el esfuerzo penoso, no el trabajo que uno tiene.
Son pocas y salen constantemente en los textos que se leen primero, así que merecen una lista propia desde el principio. El resto del vocabulario sí funciona como promete, y es la razón por la que este lector puede leer prosa adaptada mucho antes de lo que dice el temario.
Qué está en qué nivel
El orden que nadie imprime, y los dos peldaños con el hueco de verdad
Quien lee necesita saber qué autor viene después, y el temario tradicional contesta con un nombre en vez de con un nivel. Esta es la misma lista ordenada por lo que cuesta.
- 06Virgilio y TácitoPoesía y prosa comprimida. El hueco por debajo de este peldaño es el mayor de la escalerael muro
- 05Los discursos de Cicerón y LivioPeríodos largos, que es donde leer en orden deja de ser opcional
- 04Las cartas de CicerónMás cortas, más personales y mucho más fáciles que los discursos de al lado
- 03CésarEl primer autor real de la tradición, con un vocabulario estrecho que se repite
- 02Prosa adaptada y simplificadaHistorias reales, vocabulario controlado, y el último peldaño con algo de holgura
- 01Latín escrito para quien aprendeLibros enteros, entendidos sin traducir, y el único peldaño con material ilimitadoempieza aquí
Saltar del segundo peldaño al quinto es la forma habitual de un temario escolar, y es donde se instala para siempre el hábito de traducir.
Leer en alto, y elegir una pronunciación a propósito
En España se ha oído siempre la pronunciación eclesiástica, la de la misa y la de los cantos, donde la ce suena como en cielo y la uve como una be. Es una pronunciación real y tiene mil quinientos años de uso, y no es la que se usa hoy en el mundo académico.
En la pronunciación restituida la v suena u y la c siempre k, así que Cicero es Kikero y veni es ueni. Merece elegir una de las dos a conciencia y sostenerla, porque leer en alto es lo que fija el ritmo de la frase y el ritmo es lo que después permite leer en silencio deprisa.
Un libro y dos bibliotecas gratuitas
Familia Romana, publicado por primera vez en 1955, enseña latín en latín, sin una sola palabra de otro idioma, y es un libro de pago que vale lo que cuesta. Sustituyó al manual de gramática y traducción, que enseña sobre el latín en vez de enseñar latín.
Logeion es gratuito y busca a la vez en los grandes diccionarios, así que sustituye a tener varios que se contradicen. Perseus es gratuito y pone cada palabra a un clic de su análisis morfológico, lo cual sustituye a una estantería y a una edición escolar con notas, y es también su peligro: el clic es cómodo y hacerlo cincuenta veces por página es la definición de no estar leyendo.
Los seis apartados, y el orden que sale de aquí
Las terminaciones que decidieron el papel de cada palabra están en las declinaciones, y el sistema verbal en las conjugaciones. Para este lector esos dos apartados son la mitad cara del idioma y merecen más tiempo del que suelen recibir.
La sintaxis, con las subordinadas y el ablativo absoluto, está en la gramática latina. El puente entero, con la cantidad de latín fácil y con qué leer en qué orden, está en la lectura en latín, que es el apartado que decide si esto sirve para algo.
Las dos pronunciaciones, con lo que gana y pierde cada una, están en la pronunciación latina, y el vocabulario, con las trampas de las palabras que el español conservó cambiando el significado, en el vocabulario en latín.
De los vecinos, el griego es la otra mitad del vocabulario culto español y se estudia igual, por lectura y no por conversación. El italiano es lo que le pasó al latín hablado en un sitio concreto, y verlo al lado explica más de una terminación. El calendario y la constancia están en cómo aprender un idioma.
Queda la pregunta que conviene contestar antes de empezar, porque decide el orden entero de la lectura: qué texto está al final. No es lo mismo caminar hacia Virgilio que hacia una escritura notarial del siglo trece, y donde eso se piensa con los motivos delante es los planes de estudio.