El sol es femenino en alemán y la luna es masculina. Quien llega desde el español trae el género gramatical ya pagado, que es la partida más cara del curso para un angloparlante, y descubre en la segunda semana que traía además una lista entera de respuestas cambiadas.
Die Sonne y der Mond no se pueden deducir de nada. El mecanismo estaba comprado, y los datos que venían dentro son de otro idioma.
Esa es la forma del alemán para un español, y se repite en todo: lo conceptual sale barato y lo memorístico sale caro, justo al revés de como lo cuenta un manual escrito en inglés.
El género viene resuelto y las respuestas vienen cambiadas
El alemán tiene tres géneros y el español dos, así que un tercio del reparto no tiene ningún sitio de donde venir. El resto coincide lo justo para que adivinar parezca razonable.
- Der Mond es masculino y die Sonne femenina, al revés que en español. Las dos palabras salen en la primera semana de cualquier curso y las dos se dicen mal durante meses, porque la respuesta española llega antes que el recuerdo.
- Das Mädchen es neutro porque el diminutivo manda sobre el sexo. La regla de detrás vale para todos: cualquier palabra terminada en -chen o en -lein es neutra, sin excepción y sin discusión.
- Las terminadas en -ung, -heit, -keit y -schaft son femeninas. Ahí se resuelven varios miles de palabras de una vez, y ninguna de ellas hay que memorizarla suelta.
- Der Tisch es la mesa. El género no sigue al objeto ni al significado, así que el mueble más femenino del castellano llega aquí con artículo masculino y no hay nada que entender.
- Die Milch coincide. Coincide bastante a menudo, y esa es exactamente la razón por la que adivinar es un mal sistema: acierta lo suficiente como para no abandonarse.
La forma de aprenderlos es la misma que sirve en cualquier idioma con género, y aquí es obligatoria en vez de recomendable: la palabra se apunta con el artículo pegado y no se apunta nunca sola.
El verbo llega al final, y eso es un problema de oído
En la frase principal el verbo va segundo, pase lo que pase delante, y el trozo que decide el sentido se marcha al final de la frase. Ich mache das Licht an y Ich mache das Licht aus se diferencian en una sílaba que llega cuando ya se ha dicho todo lo demás.
En la subordinada es peor, porque se va el verbo entero: weil manda el verbo al final, weil ich müde bin, y hasta esa última palabra la frase no ha dicho qué pasa, solo quién y cómo.
Un español está entrenado exactamente al revés. El castellano coloca el verbo pronto y deja lo demás como detalle, así que la costumbre de contestar a mitad de frase, que aquí es cortesía y agilidad, en alemán deja al que escucha contestando a algo que todavía no se ha dicho.
De ahí sale la recomendación concreta, y no es de gramática: escuchar frases largas enteras sin pararlas, aguantando la incomodidad de no saber de qué van hasta el final. Es el mismo músculo que hay que entrenar para los pasados del ruso o para el orden del japonés, y no se entrena leyendo.
Los cuatro casos no son la parte cara
El español declina sus pronombres, yo, me, mí, y marca el objeto directo con la a personal. La idea de que una palabra cambie de forma según el trabajo que hace en la frase ya está puesta, así que los cuatro casos son una tabla más grande y no un concepto nuevo.
Lo que sí cuesta es que las terminaciones no se deciden por una cosa sino por tres a la vez. El género del sustantivo, el caso que exige el verbo o la preposición, y qué artículo hay delante: cambiando cualquiera de los tres cambia la terminación del adjetivo.
Por eso equivocarse de género no cuesta solo el artículo. Arrastra el caso, la terminación del adjetivo y el pronombre con el que se vuelva a esa palabra tres frases después.
Una terminación
Tres respuestas hacen falta antes de poder decir el adjetivo
Ninguna de las tres gira sola. La terminación del adjetivo depende de las tres a la vez, y de ahí viene el aspecto de la tabla.
- El género
- El caso
- Qué artículo hay
- El géneroUn dato del sustantivo, y el género español no lo predice
- El casoLo elige el verbo, o la preposición que esté delante
- Qué artículo hayDeterminado, indeterminado o ninguno, y cada uno pide otro juego
Equivocarse de género no cuesta solo el género. Cuesta el artículo, la terminación del adjetivo y el pronombre con el que se vuelva a esa palabra tres frases más adelante.
Las palabras largas se leen, no se memorizan
Die Handschuhe son los guantes, mano más zapatos, y la palabra se descifra la primera vez que se ve sin haberla estudiado nunca. Ese mecanismo cubre buena parte del vocabulario y hace que el alemán escrito sea mucho más transparente de lo que promete su fama.
Las partículas separables son el ejemplo caro y merecen media hora sola. Machen es hacer; aufmachen es abrir, zumachen es cerrar, mitmachen es participar y ausmachen es apagar o quedar en algo, y las cuatro comparten el mismo verbo y se distinguen por la sílaba que se marchó al final de la frase. Una lista de veinte de estas rinde más que doscientos sustantivos.
El vocabulario que hay que memorizar de verdad es el corto: los verbos básicos, las preposiciones y las partículas separables, que son pocas, cambian el sentido entero y no se parecen a nada.
Todos se te van a pasar al inglés, y ahí hay un problema español
Cualquiera que dude dos segundos en Hamburgo recibe la respuesta en inglés, y eso le pasa a todo el mundo. Lo que le pasa a un español es un escalón peor: la conversación se muda a un idioma en el que él tampoco está cómodo, así que la salida de emergencia no lleva a ninguna parte.
La respuesta que funciona es una frase preparada, dicha rápido y sin pedir permiso: seguir en alemán aunque el otro conteste en inglés durante tres turnos seguidos. Casi siempre vuelve, porque el cambio fue una cortesía y no una decisión.
Tres recursos alemanes, y los siete apartados
Deutsche Welle mantiene un curso completo del A1 al B1, gratis, sin cuenta y sin publicidad, y sustituyó al método en dos tomos con casetes que costaba lo que costaba. Easy German graba conversaciones por la calle con subtítulos en los dos idiomas, gratis en el canal y con transcripciones de pago, y sustituyó al audio de estudio en el que nadie se interrumpe. DWDS, de la Academia de Ciencias de Berlín y Brandeburgo, es gratuito y da las palabras con las que cada palabra aparece de verdad, que es lo que un diccionario bilingüe no da.
Todo lo del género y la declinación, con las tablas puestas, está en los cuatro casos, y el orden de la frase, con el paréntesis verbal entero, en la gramática alemana.
El problema de oír el final es la comprensión oral en alemán, y montar una frase con el verbo esperando al final es la conversación en alemán, que es el apartado donde se decide si el idioma sale de la libreta. Los compuestos y el vocabulario corto están en el vocabulario en alemán, y los títulos, con lo que abre cada uno, en Goethe y TestDaF.
Los exámenes del Goethe-Institut se hacen en España sin salir del país y se presentan por niveles sueltos, y el TestDaF es otra cosa: existe para entrar en una universidad alemana y se puntúa por destrezas en vez de aprobarse o suspenderse. El TestDaF solo tiene sentido con una matrícula alemana delante; para una entrevista de trabajo el papel que se pide es el del Goethe-Institut.
De los vecinos, el ruso pide lo mismo que el alemán en la parte de las terminaciones y bastante más en la del acento, así que sirve para saber si el problema era el alemán o era la declinación. Y el calendario con el que se sostiene esto durante un año está en cómo aprender un idioma.
Queda por decidir con qué sonido se empieza, que aquí no es un detalle: la jota de jamón ya sirve para el ach alemán, y en cambio la u de über y la o de schön no existen en español. Eso es la pronunciación alemana.